Antecedentes



Introducción

La gestión de territorios volcánicos requiere de un sistema científico de toma de decisiones, que se fundamente principalmente en los datos proporcionados por un Sistema de Vigilancia Volcánico adecuado según el nivel de actividad, la peligrosidad y los riesgos potenciales, especialmente en áreas con una alta densidad de población como es el caso de la isla de Tenerife, que podría verse afectada en gran parte por una erupción en el complejo Teide-Pico Viejo (TPV).

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El complejo volcánico TPV, situado en el centro de la isla de Tenerife, se formó a partir de reservorios de magmas fonolíticos someros (a profundidades menores a 5 km) y de cuerpos basálticos más profundos. La actividad del sistema en los últimos 3000 años se ha caracterizado por dos tipos de eventos: por un lado, erupciones fonolíticas efusivas (ej. Lavas Negras) y explosivas (ej. Montaña Blanca) en el complejo TPV incluyendo domos periféricos – Roques Blancos – y, por otro lado, erupciones monogenéticas basálticas distribuidas a lo largo de los lineamientos (o rifts) nororiental y noroccidental, incluida la última, la del volcán Chinyero, en 1909. En estos lineamientos se concentran las erupciones históricas que han tenido lugar en la isla, todas ellas basálticas.

Centros eruptivos de los últimos 30 mil años en Tenerife. En rojo los ácidos y en amarillo los básicos

Dado el sistema eruptivo bimodal (basáltico – fonolítico) los peligros volcánicos asociados son diversos y están ligados a los diferentes tipos de magma y sus estilos eruptivos. Aunque las erupciones más explosivas ocurren con menos frecuencia, las intrusiones basálticas que alimentan los reservorios más someros, pueden llegar a la superficie y culminar en una erupción de explosividad baja-moderada. Incluso se ha sugerido en varios estudios la posibilidad que las intrusiones basálticas que originan erupciones en los rifts alimenten y puedan reactivar la cámara magmática del Teide generando procesos de índole más explosiva. Éstas y otras consideraciones ponen de manifiesto que el complejo TPV es el mayor riesgo natural asociado a fenómenos volcánicos de Canarias.

En 2004 y después de casi 100 años de aparente inactividad se produjo una reactivación de origen volcánico en Tenerife, detectándose centenares de terremotos, anomalías de la gravedad y presencia de ciertos gases magmáticos. A pesar de estas evidencias, algunos autores sugieren causas no volcánicas a esta reactivación. Para evitar este tipo de dudas es necesario tener un sistema de vigilancia robusto y un conocimiento claro de las señales esperables en relación con la actividad volcánica del sistema.

 

Vigilancia volcánica

Muchos son los posibles síntomas esperables asociados a un proceso volcánico; la combinación en el análisis de todos ellos significará un mejor pronóstico del fenómeno y de su evolución. Entre los precursores asociados a una inyección de magma o por el cambio del equilibrio de presión en la cámara magmática y que pueden indicar una futura erupción podemos enumerar: la presencia de sismicidad, deformación del terreno, presencia de gases magmáticos, variaciones en el campo magnético y gravitatorio o alteraciones del sistema hidrotermal. Sin embargo, por sí solas cada una de estas manifestaciones es insuficiente para el pronóstico adecuado de la evolución del estado de un sistema volcánico.

Por tanto, la vigilancia volcánica requiere de redes instrumentales multiparamétricas que permitan definir de la manera más inequívoca posible el estado de un sistema volcánico, y su evolución, disminuyendo la incertidumbre del pronóstico. Además, estas redes instrumentales deben trabajar en continuo durante el mayor tiempo posible de forma que sea posible definir la evolución de los niveles de actividad a lo largo de años, máxime en volcanes con largos periodos inter-eruptivos. A ser posible, estas redes deben estar comunicadas en tiempo real con un centro de análisis de datos en el que se realicen análisis automáticos e interactivos,para poder dar la respuesta inmediata a cada fenómeno que se produzca.

En concreto, el área del complejo TPV ha sido previamente investigada por diversos métodos geofísicos y geoquímicos pero en la mayoría de los casos la investigación se ha basado en el análisis de los datos obtenidos en campañas de limitada duración. Sólo desde hace pocos años el Instituto Geográfico Nacional ha estado desplegando una red multiparamétrica de medida continua en Tenerife.
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